Barça 129 Mayo - Junio de 2026 | Page 41

E l 17 de mayo de 2006, el Barça tocó el cielo de Europa por segunda vez. En el estadio Saint-Denis de París, el conjunto azulgrana conquistó su segunda Champions League al derrotar al Arsenal por 2-1 en una final cargada de emoción, simbolismo y justicia deportiva. El equipo dirigido por Frank Rijkaard culminaba de este modo un proyecto construido con paciencia, talento y una idea de juego fiel al estilo histórico del Club. Aquel Barça reunía una generación irrepetible de futbolistas como Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Deco, Puyol, Eto’ o y Víctor Valdés, que aquella temporada habían conquistado la Liga y aterrizaban en París con la sensación de que había llegado su momento en Europa.

La final no empezó de cara. El Arsenal, que jugaba con diez hombres desde los primeros minutos por la expulsión del portero Jens Lehmann, se adelantó en el marcador con un gol de Sol Campbell. El partido parecía enquistado, con el Barça dominando pero atascado, incapaz de superar el orden defensivo inglés. Todo cambió, sin embargo, en el tramo final del partido, cuando Juliano Belletti entró desde el banquillo para dar profundidad a la banda derecha.
ETO’ O Y BELLETTI
Primero, Samuel Eto’ o firmó el empate con un disparo potente dentro del área, liberando la tensión acumulada. Lo más difícil se había conseguido, pero había que rematar el trabajo. Y así fue porque, poco después del 1-1, en una acción inesperada, Belletti irrumpió para culminar una jugada colectiva con un disparo cruzado que superó por abajo a Almunia, desatando la euforia azulgrana. Aquel gol, que quedó para siempre en la memoria colectiva del barcelonismo, certificaba la remontada y el título.
Con el pitido final, el Barça cerraba una herida abierta desde Atenas 1994 y hacía suyo un trofeo que ya había ganado por primera vez en Wembley en 1992. La Champions de París no solo suponía un nuevo éxito deportivo, sino que confirmaba al Club entre la élite del fútbol europeo y ponía las bases del futuro dominio continental que llegaría años más tarde.
La noche de París fue la consagración de un equipo, de un estilo y de una manera de entender el fútbol que, desde entonces, forma parte inseparable de la identidad del FC Barcelona.
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