Barça 129 Mayo - Junio de 2026 | Page 49

muy clara de entender el fútbol y la competición. Aquel equipo, además, rompió la hegemonía del Real Madrid de los galácticos.
Nada fue casual. Veníamos de una decepción muy dura. En la temporada anterior, el Chelsea nos había eliminado en los octavos de final y fue especialmente doloroso ya que habíamos sido mejores. Esa eliminación nos marcó. Nos conjuramos para volver más fuertes y para ganar la competición la temporada siguiente. Aquel equipo merecía la Champions.
Éramos un grupo con mucho carácter, con personalidades importantes dentro del vestuario. Durante la temporada 2005 / 06 hablamos mucho y trabajamos a conciencia cómo debíamos afrontar los momentos clave si queríamos llegar hasta la final. No bastaba con jugar bien, había que saber sufrir, resistir y tomar buenas decisiones en los momentos decisivos.
Por eso, cuando conquistamos el título, la sensación fue de una enorme liberación, de un gran alivio. En la final vivimos una situación límite y la resolvimos, eso sí, de la forma más inesperada. Recibimos un gol en la primera parte, cuando el Arsenal ya jugaba con diez, y acabamos remontando con un gol en los últimos minutos … Y lo hizo Belletti, un lateral. El fútbol, a veces, tiene estas cosas maravillosas.
Frank planteó de inicio un centro del campo con Edmlson, Van Bommel y yo para contrarrestar a un Arsenal muy fuerte, con Ljungberg y Henry como principales peligros. De entrada, quiso ser más conservador. Pero con el 0-1 al descanso hizo entrar a Andrés y el partido cambió.
Luego llegaron los movimientos más valientes: Belletti entrando desde el lateral y la apuesta por dos delanteros, Larsson y Eto’ o. Ahí se ganó la final.
Se habla mucho— y con razón— de las paradas de Valdés, del partidazo de Eto’ o y del gol de Belletti. Todo eso fue clave, pero para mí la figura de aquella final fue Frank. No se gana una Champions por una sola cosa. El cambio de Belletti por Oleguer y la decisión de jugar con dos delanteros en la segunda parte, algo que no era habitual en aquel equipo, resultaron determinantes.
Recuerdo una anécdota muy significativa de la semana previa a la final. Algunos jugadores fuimos a hablar con Frank para pedirle viajar a París unos días antes y concentrarnos allí. Su respuesta fue muy típica de él: nos dijo que era un partido como cualquier otro y que no teníamos que cambiar los hábitos, así que viajamos el dia anterior. Con el tiempo lo entendí perfectamente. De ese modo nos quitó presión y nos mantuvo tranquilos.
Para mí, aquella Champions fue llegar a lo máximo. Ya había sido espectacular conquistarla con el Porto, pero hacerlo con el Barcelona supuso un salto enorme en mi carrera: el Barça es lo máximo a lo que puede llegar un futbolista. Además, ayudé a darle a aquel equipo y a aquella afición la Champions que tanto merecían.
París 2006 no fue solo una noche histórica. Fue la recompensa a un camino, a una convicción y a un grupo que creyó hasta el final. Por eso, veinte años después, sigue ocupando un lugar tan especial en mi memoria.
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