Barça 131 Septiembre - Octubre de 2026 | Page 61

D espués de eliminar sucesivamente al DOS Utrecht, al Royal Amberes, al Hannover, al RCD Espanyol y al Chelsea, el FC Barcelona llegó a la final de la Copa de Ferias 1965 / 66, donde le esperaba el Real Zaragoza, un rival especialmente temible que contaba con la mítica delantera de los Cinco Magníficos, integrada por Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Además, el conjunto aragonés se había convertido en la bestia negra de los blaugranas: apenas tres días antes del triunfal desempate ante el Chelsea en las semifinales, había eliminado al Barça de la Copa de España por tercer año consecutivo.

A causa de la disputa del Mundial de Inglaterra, la final de la Copa de Ferias, prevista a doble partido, se aplazó hasta septiembre de 1966. Por entonces, el banquillo barcelonista estaba ocupado por el argentino Roque Olsen, antiguo entrenador del Zaragoza, mientras que el conjunto aragonés era dirigido por el eslovaco Ferdinand Daucik, el técnico del Barça de las Cinco Copas a comienzos de los años cincuenta.
El partido de ida, disputado en Barcelona el 14 de septiembre, terminó con victoria visitante por 0-1 gracias a un gol del brasileño Canario en el minuto 39. A pesar del claro dominio blaugrana a lo largo del encuentro, la falta de acierto condenó a los locales y alimentó los pronósticos más pesimistas.
Sin embargo, en el partido de vuelta, jugado en La Romareda el 21 de septiembre, el joven delantero Lluís Pujol, de apenas 19 años y ausente en el partido de ida, se convirtió en el héroe de la noche. Con tres goles decisivos, lideró la victoria blaugrana por 2-4 y permitió al FC Barcelona levantar su tercera Copa de Ferias, tras las conquistadas en 1958 y 1960.
Fue un partido apasionante, no apto para cardíacos. El Barça se adelantó muy pronto gracias a un gol de Pujol en el minuto 3, pero Marcelino restableció la igualdad para los locales en el minuto 24. Ya en la segunda mitad, Zaballa situó el 1-2 en el marcador en el minuto 70 después de una asistencia del propio Pujol, omnipresente durante todo el encuentro.
A pesar de esta ventaja, el título todavía no estaba decidido, ya que entonces los goles marcados en campo contrario no tenían valor doble en caso de empate. A cinco minutos del final, un nuevo gol de Pujol parecía encarrilar definitivamente la victoria blaugrana, pero acto seguido Marcelino volvió a aparecer para establecer el 2-3 y forzar la prórroga. Los dos equipos la afrontaron con diez jugadores tras las expulsiones de Canario y Torres por agresión mutua.
Los treinta minutos adicionales se disputaron con una tensión extrema. El hecho de que no existiera la tanda de penaltis y de que, en caso de empate, el campeón tuviera que decidirse mediante el lanzamiento de una moneda, aumentaba aún más el dramatismo. Pero en el minuto 120, en la última jugada del partido, Pujol recibió una asistencia de Montesinos y, entre dos defensas, conectó un potente disparo que superó a Yarza. Fue un auténtico gol de oro: el Zaragoza ni siquiera tuvo tiempo de sacar de centro. La euforia de los jugadores barcelonistas fue indescriptible ante una gesta que quedaría para siempre en la historia europea del Club.
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