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Tras unas sentidas palabras del presidente Llaudet, la bandera azulgrana que ondeaba en el centro del terreno de juego fue arriada por August Santamans, socio número 4 del Club, acompañado por Salvador Martínez Surroca, antiguo jugador del Barça que había participado en la inauguración de Les Corts en aquel lejano 20 de mayo de 1922. Llegados a este punto, ya sin dar más opción al sentimentalismo, Llaudet inició de manera simbólica el derribo del campo de Les Corts, utilizando un martillo neumático en el punto exacto donde el 8 de febrero de 1922 se había colocado la primera piedra, en la tercera fila del Gol de Baix.
Terminada la ceremonia, entró al terreno de juego de Les Corts la maquinaria de la empresa de demolición, dispuesta a llevar a cabo su implacable trabajo, comenzando por las mencionadas gradas del Gol de Baix, rompiendo los primeros asientos. Entonces se produjo una escena singular: en lugar de abandonar el recinto, muchos de los asistentes se acercaron a aquellas primeras ruinas para llevarse cualquier reliquia como recuerdo. Unos se llevaban un puñado de tierra, otros, una piedra, e incluso un socio llegó a recoger un enorme trozo de asiento de la grada.“ Era donde yo me sentaba siempre, y me lo llevo para dejarlo en el jardín de mi casa, como recuerdo”, manifestó visiblemente emocionado.
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SEGUNDA PARTE
Esta historia tuvo una segunda parte. Consumada la demolición en unos días, ya con el antiguo Les Corts convertido en un solar y en un recuerdo, se abrió un período de transición por parte de la junta directiva azulgrana, a la espera de vender de una vez por todas los terrenos del viejo campo, un objetivo que Enric Llaudet había tenido entre ceja y ceja desde su llegada a la presidencia del FC Barcelona en junio de 1961.
Por fin, el 18 de mayo de aquel 1966 llegó la tan esperada noticia: el Club había llegado a un acuerdo con la empresa inmobiliaria Habitat para la venta del solar de Les Corts por valor de 226 millones de pesetas. Agua de mayo para las arcas azulgranas tras la enorme deuda generada por la construcción del Camp Nou entre los años 1954 y 1957. Y es que el coste del Estadio había pasado de los 66.620.000 pesetas presupuestados inicialmente a la desorbitada cifra final de 288 millones, cosa que estuvo a punto de llevar al Club a la quiebra económica. Así pues, el campo de Les Corts del FC Barcelona ya era definitivamente historia. El importe de su venta fue destinado íntegramente a la amortización de la deuda del Club: créditos bancarios, obligaciones hipotecarias y bonos de
caja. Como explicó la Revista Barça el 25 de mayo de 1966,“ aquellos solares han prestado su último y gran servicio al club, liberándolo de los agobios económicos que venía sufriendo desde la construcción del nuevo estadio.”
El epílogo de la historia de la venta de los terrenos de Les Corts no fue especialmente agradable para los vecinos de la zona. El grupo Habitat tardó cuatro años en construir, lo que convirtió el solar en un depósito de desechos que llamó la atención de La Vanguardia, que, en el editorial del 21 de agosto de 1969, se preguntaba amargamente:“¿ Es que la ordenanza municipal que manda vallar los solares no edificados no puede aplicarse a este concreto solar de Les Corts?”. Inconvenientes de vivir bajo una dictadura que aplicaba la normativa legal a su capricho.
3 Llegada de la bandera.
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4 Inicio simbólico del derribo.
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5 Llaudet muestra
el talón de venta de los terrenos de Les Corts.
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