UNA TEMPORADA QUE NUNCA OLVIDARÉ
Por ANTONIO CARLOS ORTEGA
ENTRENADOR PRIMER EQUIPO BALONMANO
Apenas acaba de bajarse el telón de esta temporada y, todavía en caliente, empiezo a ser consciente de todo lo que hemos hecho. La imagen de los siete títulos juntos en la cena de despedida, rodeados de un grupo humano feliz junto a sus familias, resume este año de ensueño. En la pista hemos demostrado ser los mejores, pero todo se ha sustentado en la unión de un vestuario y un staff remando diez meses en la misma dirección.
La temporada se planteaba llena de retos desde la pretemporada: 10 jugadores dejaron el Club el verano pasado y otros 9 llegaron. Confiábamos en los fichajes, la mayoría ya con ADN Barça, pero todo el mes de agosto debía servir como base del nuevo vestuario. Y así fue, desde el primer entrenamiento en Andorra.
Los rostros eran los de gente con hambre. Los veteranos sabían perfectamente lo que significa vestir esta camiseta. Y los jóvenes habían soñado muchas veces con llevar este escudo y darlo todo por él.
La primera prueba de fuego fue la Supercopa Ibérica, en Portugal y ante un Sporting al alza. Ganar aquel título en los penaltis, contra un equipo ya consolidado y candidato a estar en la Final Four de junio, nos dio alas. La celebración que se vivió en el autobús transmitía algo más que la alegría por la victoria. Aquello parecía una semilla que amenazaba con germinar.
El inicio en la Liga Asobal fue espectacular, aunque en la Champions sufrimos la primera derrota— y a la postre la única de toda la temporada— en la segunda jornada. Fue en el Palau, contra el Magdeburgo, y sinceramente creo que nos ayudó mucho a no volver a perder.
Llegamos a aquel partido sin Dika, con un equipo todavía encajando piezas, y enfrente teníamos al campeón de Europa. Aun así, nuestra defensa fue espectacular y, gracias al carácter de la plantilla, dispusimos de un lanzamiento de siete metros para empatar con el reloj parado. Aquella noche, pese a perder el partido, nos quitamos todos los fantasmas de encima. Vimos que el colectivo era tan fuerte que podía sobreponerse a cualquier circunstancia.
Y así lo demostramos también en el Mundial de Clubes, el único título que me faltaba como entrenador. La final contra el Veszprém tuvo de todo, pero la defensa, la portería y la ambición marcaron la diferencia. Aquel triunfo agónico en Egipto señaló el camino.
Estoy también muy orgulloso de cómo ganamos las competiciones nacionales. Por las circunstancias siempre partíamos como favoritos, pero yo me quedo sobre todo con la manera en que las ganamos. En la Liga logramos un promedio de más de 40 goles por partido, un récord histórico, además de no haber dado opción en ninguna competición eliminatoria.
Y el tramo final de la temporada ha sido para quitarse el sombrero ante mis jugadores. La Final Four de la Champions, de hecho, aglutina todo lo que hemos sido. Una defensa espectacular, una portería inmensa y todo el mundo aportando en los momentos más calientes.
Ahora, con una satisfacción inmensa, toca descansar. Este verano perdemos piezas importantes y llegarán otras. También seguiremos apostando por la cantera, donde se realiza un trabajo fantástico. Soy consciente de que igualar esta temporada será casi imposible, pero volveremos a dar el máximo.
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